Cuidar el Dojo

Hemos aprovechado estos días de verano para, además de continuar con la práctica habitual, dar una mano de pintura al Dojo.

Aikido no solo consiste en practicar y perfeccionar una serie de técnicas marciales. Esta es solo una parte del entrenamiento. Aikido es todo un proceso de pulimiento y cambio personal tanto a nivel externo como interno.

En la sociedad actual estamos acostumbrados a llegar a un sitio, pagar y usarlo. Después ya se encargará alguien de dejarlo todo perfecto de nuevo. Desde mi opinión personal esto puede ser válido en algunos contextos, pero no en un Dojo. No podemos relegar la práctica de Aikido a un acto de consumo porque entonces vamos perdiendo lo esencia del arte.

Por supuesto que en la actualidad no podemos actuar como antiguamente, donde uno se entregaba completamente a la práctica y al servicio bajo su maestro. Lo que si podemos hacer, a pesar del ritmo de vida actual, es emplear esa pequeña cantidad de tiempo que hemos decidido dedicar al Aikido a entregarnos completamente, solo por unas horas, practicando e implicándonos en el cuidado del Dojo. De esta forma, la filosofía de la práctica nos irá impregnando y podremos trasladar con mayor facilidad lo aprendido en el tatami al resto de ámbitos de nuestra vida.

Mantener el Dojo bien cuidado es una tarea que tradicionalmente han realizado todos los miembros del grupo, desde el sensei hasta los alumnos recién inciados. Un Dojo cuidado transmite una sensación diferente. Cuidarlo nos hace sentirnos aún más implicados en el arte y sentir que el Dojo es algo nuestro. También es un acto de respeto hacía el arte, el lugar de práctica, los compañeros y el resto de usuarios de ese espacio si allí se practican otras disciplinas, como es nuestro caso.

Buena práctica!

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